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La mirada de sal Dissabte 17 Novembre 2007

Posted by Bris in d'altres autors.
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“Le robo el título de este artículo a una novela de Manuel Francisco Reina para hablar de la obsesión que algunos tienen por mirar atrás. No sé qué extraña conjunción de planetas se ha alineado en los pasados meses, pero debía de ser particularmente maléfica, pues a mi alrededor se han separado varias parejas. He hablado con unos y otros: hay a quien reconcome la duda (¿qué hice mal?), el arrepentimiento (no debería haber dicho, no debería haber hecho…), la ira (si la veo, la mato) o la melancolía (nunca volveré a amar así), y hay quien va alternando uno por uno todos estos sentimientos. Y el resultado es siempre el mismo: aquellos que se quedan enganchados al recuerdo se convierten, como la mujer de Lot, que volvió la cabeza cuando no debía, en estatuas de sal, paralizadas y amargas. [...]
Algunas cosas se acaban y otras ni siquiera llegan a empezar. En cualquier caso, si algo he aprendido en mis cuarenta años de vida, es que, si existe alguna posibilidad de alcanzar algo parecido a la felicidad, ésta consiste en aprender a tolerar la frustración, todo tipo de frustración, pero muy especialmente la sentimental. El desear obsesivamente el amor de una persona no garantiza en absoluto que uno vaya a conseguirlo, y sí asegura sin embargo muchas lágrimas y dolores de cabeza.
Mi generación es la primera que vive sin trabas ni ambages la posibilidad de obtener el divorcio si lo desea, pero desgraciadamente es una generación que ha crecido bajo el modelo de sus padres, con la idea que el matrimonio es para toda la vida, y esto hace que, aun siendo las separaciones el pan nuestro de cada día, se nos haga tan difícil superarlas y las vivamos como un fracaso, por esa manía que tenemos los muy sentimentales en concentrarnos en la parte vacía de la botella. Habrá quien diga al leer esto que el corazón tiene motivos que la razón no entiende y resulta imposible controlar los sentimientos. No lo creo. A veces pienso que hay quien se engancha a lo imposible porque tiene miedo a lo posible, porque resulta más fácil quedarse en casa penando por el amor perdido o nunca obtenido que calzarse los botines y salir a la calle a enfrentarse a la vida, a un nuevo posible rechazo, pero también, por qué no, a la posibilidad de abarcar nuevos horizontes y explorar nuevos territorios, amorosos o no. Pero la paciencia es un arte, y como tal se ejercita. Como también se ejercita el optimismo.”

(Lucía Etxebarría)

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