But… Dilluns 7 Juliol 2008
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I hate the way you talk to me
and the way you cut your hair
I hate the way you drive my car
I hate it when you stare
I hate your big dumb combat boots
and the way you read my mind
I hate you so much that it makes me sick
it even makes me rhyme
I hate the way you’re always right
I hate it when you lie
I hate it when you make me laugh
even worse when you make me cry
I hate the way you’re not around
and the fact that you didn’t call
But mostly I hate the way I don’t hate you
Not even close, not even a little bit, not even at all
Atrets pels punts en comú, arriba un moment en que s’estimen fins i tot els defectes i el que uneix no són les similituds, sinó les diferències.
For us Dissabte 10 Maig 2008
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“This is for us, for everyone who had an opportunity to become negative and decided to go the other way. For every father who had to be a mother and every mother who had to be a father, and everyone who had a dream and was told it couldn’t happen.”
Sempre hi ha dues opcions Divendres 11 Gener 2008
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“L’inferno dei viventi non è qualcosa che sarà, se ce n’è uno, è quello che è già qui, l’inferno che abitiamo tutti i giorni. Due sono i modi per non soffrirne. Il primo riesce facile a molti: accettare l’inferno e farne parte fino al punto di non vederlo più. Il secondo è rischioso: cercare e saper riconoscere chi e cosa, in mezzo all’inferno non è inferno, e farlo durare, e dargli uno spazio.”
(L’infern dels vivents no és alguna cosa que serà, si n’hi ha un, és allò que està ja aquí, l’infern que vivim tots els dies. Dues són les maneres per no patir. La primera resulta fàcil a molts: acceptar l’infern i formar-ne part fins al punt de no veure’l més. La segona és arriscada: buscar i saber reconèixer qui i què, enmig de l’infern no és infern, i fer-lo durar, i donar-li un espai)
La locura Diumenge 2 Desembre 2007
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He trobat aquest conte per casa i he pensat que podia ser material de blog. Ja sé que és conegut però recordo que la primera vegada que el vaig llegir em va cridar l’atenció. Aquí va…
“Cuentan que una vez se reunieron en algún lugar de la Tierra todos los sentimientos y cualidades de los seres humanos.
Cuando el Aburrimiento había bostezado por tercera vez, la Locura como siempre tan loca les propuso: ¡vamos a jugar al escondite! La Intriga levantó la ceja intrigada y la Curiosidad sin poder contenerse le preguntó: ¿Al escondite? Y,¿Cómo es eso?
Es un juego, explicó la Locura, en el que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón y cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes que yo encuentre ocupará mi lugar para continuar el juego. El Entusiamo bailó entusiasmado secundado por la Euforia. La Alegría dio tantos saltos que terminó convenciendo a la Duda, e incluso a la Apatía, a la que nunca le interesaba hacer nada. Pero no todos querían participar. La Verdad prefirió no esconderse… ¿para qué? si al final siempre la hallaban. Y la Soberbia opinó que era un juego muy tonto (en realidad lo que le molestaba era que la idea no hubiese sido de ella)… y la Cobardía prefirió no arriesgarse.
Un, dos, tres… comenzó a contar la Locura. La primera en esconderse fue la Pereza, como siempre tan perezosa se dejó caer tras la primera piedra del camino. La Fe subió al cielo y la Envidia se escondió tras la sombra del Triunfo, que con su propio esfuerzo había logrado subir ala copa del árbol más alto. La Generosidad casi no alcanzó a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos… que si un lago cristalino para la Belleza… que si una hendida en un árbol perfecto para la Timidez… que si el vuelo de una mariposa lo mejor para la Voluptuosidad… que si una ráfaga de viento magnífico para la Libertad… así terminó por acurrucarse en un rayito de sol. El Egoísmo, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio: aireado, cómodo… pero sólo para él. La Mentira se escondió en el fondo de los océanos (mentira, se escondió detrás del arco iris). La Pasión y el Deseo en el centro de los volcanes. El Olvido… se me olvidó dónde se escondió el Olvido, pero eso no es lo más importante. La Locura contaba ya novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve… y el Amor no había aún encontrado sitio para esconderse entre sus flores.
Un millón contó la Locura y comenzó a buscar. La primera en encontrar fue la Pereza… a sólo tres pasos detrás de unas piedras. Después se escuchó la Fe discutiendo con Dios sobre Teología y a la Pasión y el Deseo los sintió vibrar en los volcanes. En un descuido encontró a la Envidia y claro, pudo deducir dónde estaba el Triunfo. Al Egoísmo no tuvo ni que buscarlo, él solo salió disparado de su escondite, que había resultado ser un nido de avispas. De tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago descubrió a la Belleza, y con la Duda resultó más fácil todavía, pues la encontró sentada en una cerca sin decidir aún dónde esconderse.
Así fue encontrando a todos. Al Talento entre la hierba fresca… a la Angustia en una oscura cueva… a la Mentira detrás del arco iris (mentira…en el fondo del mar). Hasta el Olvido… ya se había olvidado que estaba jugando a las escondidas. Pero sólo el Amor… no aparecía por ningún sitio. La Locura buscó detras de cada árbol, bajo cada arroyo del planeta, en la cima de las montañas, y cuando estaba por darse por vencida, divisó un rosal y pensó: el Amor siempre tan cursi, seguro se escondió entre las rosas… tomó una horquilla y comenzo a mover las ramas… cuando de pronto un doloroso grito se escuchó… las espinas habían herido los ojos del Amor, la Locura no sabía que hacer para disculparse: lloró… rogó… pidió perdón y hasta prometió ser su lazarillo.
Desde entonces, desde que por primera vez se jugó en la Tierra al escondite, el Amor es ciego… y la Locura siempre lo acompaña.”
(Mario Benedetti)
Viaggiare non per arrivare… Dimarts 20 Novembre 2007
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Viaggiare sentendosi sempre, nello stesso momento, nell’ignoto e a casa, ma sapendo di non avere, di non possedere una casa. Chi viaggia è sempre un randagio, uno straniero, un ospite; dorme in stanze che prima e dopo di lui albergano sconosciuti, non possiede il guanciale su cui posa il capo né il tetto che lo ripara. E così comprende che non si può mai veramente possedere una casa, uno spazio ritagliato nell’infinito dell’universo, ma solo sostarvi, per una notte o per tutta la vita, con rispetto e gratitudine. Non per nulla il viaggio è anzitutto un ritorno e insegna ad abitare più liberamente la propria casa. Poeticamente abita l’uomo su questa terra, dice un verso di Holderlin, ma solo se sa, come dice un altro verso, che la salvezza cresce là dove cresce il pericolo. Nel viaggio, ignoti fra gente ignota, si impara in senso forte a essere Nessuno, si capisce concretamente di essere Nessuno. Proprio questo permette, in un luogo amato divenuto quasi fisicamente una parte o un prolungamento della propria persona, di dire, echeggiando don Chisciotte: qui io sono chi sono. Oltrepassare frontiere; anche amarle – in quanto definiscono una realtà, un’individualità, le danno forma, salvandola così dall’indistinto – ma senza idolatrarle, senza farne idoli che esigono sacrifici di sangue. Saperle flessibili, provvisorie e periture, come un corpo umano, e perciò degne di essere amate; mortali, nel senso di essere soggette alla morte, come i viaggiatori, non occasione e causa di morte, come lo sono state e lo sono tante volte. Viaggiare non per arrivare ma per viaggiare, per arrivare più tardi possibile, per non arrivare possibilmente mai.
La mirada de sal Dissabte 17 Novembre 2007
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“Le robo el título de este artículo a una novela de Manuel Francisco Reina para hablar de la obsesión que algunos tienen por mirar atrás. No sé qué extraña conjunción de planetas se ha alineado en los pasados meses, pero debía de ser particularmente maléfica, pues a mi alrededor se han separado varias parejas. He hablado con unos y otros: hay a quien reconcome la duda (¿qué hice mal?), el arrepentimiento (no debería haber dicho, no debería haber hecho…), la ira (si la veo, la mato) o la melancolía (nunca volveré a amar así), y hay quien va alternando uno por uno todos estos sentimientos. Y el resultado es siempre el mismo: aquellos que se quedan enganchados al recuerdo se convierten, como la mujer de Lot, que volvió la cabeza cuando no debía, en estatuas de sal, paralizadas y amargas. [...]
Algunas cosas se acaban y otras ni siquiera llegan a empezar. En cualquier caso, si algo he aprendido en mis cuarenta años de vida, es que, si existe alguna posibilidad de alcanzar algo parecido a la felicidad, ésta consiste en aprender a tolerar la frustración, todo tipo de frustración, pero muy especialmente la sentimental. El desear obsesivamente el amor de una persona no garantiza en absoluto que uno vaya a conseguirlo, y sí asegura sin embargo muchas lágrimas y dolores de cabeza.
Mi generación es la primera que vive sin trabas ni ambages la posibilidad de obtener el divorcio si lo desea, pero desgraciadamente es una generación que ha crecido bajo el modelo de sus padres, con la idea que el matrimonio es para toda la vida, y esto hace que, aun siendo las separaciones el pan nuestro de cada día, se nos haga tan difícil superarlas y las vivamos como un fracaso, por esa manía que tenemos los muy sentimentales en concentrarnos en la parte vacía de la botella. Habrá quien diga al leer esto que el corazón tiene motivos que la razón no entiende y resulta imposible controlar los sentimientos. No lo creo. A veces pienso que hay quien se engancha a lo imposible porque tiene miedo a lo posible, porque resulta más fácil quedarse en casa penando por el amor perdido o nunca obtenido que calzarse los botines y salir a la calle a enfrentarse a la vida, a un nuevo posible rechazo, pero también, por qué no, a la posibilidad de abarcar nuevos horizontes y explorar nuevos territorios, amorosos o no. Pero la paciencia es un arte, y como tal se ejercita. Como también se ejercita el optimismo.”
(Lucía Etxebarría)